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TENGO UN DRAGÓN EN LA TRIPA


   Este va de dragones, sí, pero no de esos que vemos en la televisión o en los libros de aventuras, este dragón es distinto, es de los que se meten por dentro de nosotros para hacernos alguna jugarreta, y eso sí que no, porque si ellos son fuertes, nosotros tenemos que demostrarles que lo somos más todavía.

  ¿Que no te lo crees?
   Pues entonces no te queda más remedio que leerte este cuento en el que aprenderás que la fuerza necesaria para vencer a todos los dragones del mundo está mucho más cerca de lo que piensas, está... dentro de ti.

Lucía Serrano ha hecho las ilustraciones creando un dragón tan simpático, que por muchas faenas que haga termina cayendo bien.






  Se recomienda a partir de los seis años, pero sin límite superior de edad, ¿acaso los mayores no tenemos también dragones en la tripa?
   

 

  El texto combina prosa y poesía en las conversaciones que el pequeño protagonista mantiene con su  mamá, con la maestra y, sobre todo, sobre todo, con ese dragón que se ha instalado en su tripa y le deja sin ganas de hacer nada.
  Está convencido de que ese bicho se come las palabras que él tiene que decir para participar en la función del colegio.
  
  No es fácil, pero a veces no queda más remedio que sacar el escudo y luchar contra lo que nos parece invencible, así nos daremos cuenta de que, tal vez, no lo era tanto.


     Presentamos el libro de una manera muy divertida ya que animamos a todos los asistentes a que se disfrazasen igual que el dragón lo hace en el cuento, se trataba de demostrarle que no le tenemos miedo, que si hay que camuflarse, no va a asustarnos porque lo sabemos hacer mucho mejor que él.












   


  Nos acompañaron un montón de amigos y amigas ( y no solo los niños se lo pasaron bien...).  



                    

  










       










     Al final, logramos descubrir dónde se encontraba la luna. Se había perdido y no aparecía por más que la buscasen entre todos los astros del cielo.  Resulta que andaba coqueteando con un torito  guapetón, flotando entre corazones y soñando con versos cariñosos. Con tantos mimos, el dragón no tuvo más remedio que irse con la música a otra parte.
    ¡Lo pasamos genial!



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