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Claro que hay un montón de títulos y relatos no publicados. Me
imagino que todos los escritores tienen en los cajones
de su mesa cientos de escritos que nunca vieron la luz,
y ese es también mi caso.
Me gustaría mencionar algunos de
ellos, porque les tengo tanto cariño como el que le
puedo tener a los libros que ya están a la venta, y
porque confío tanto en ellos que no voy a parar hasta
que sea cuando sea, ellos también ocupen su lugar en
alguna librería o en el escaparate de alguna tienda.
Voy a colgar aquí algunos relatos
cortos, porque si colgase libros completos podría
resultar muy pesado y nada más lejos de mi intención.
Por ejemplo, el que me concedieron el
premio al
mejor relato de autora leonesa,
titulado
“La flor del mal”,
que extraje del libro que escribí basado en el mismo
tema, el incierto futuro de las niñas en algunas
regiones de la India, y que he titulado
“El beso del mal”,
confío en que igual que el relato ha gustado y cuenta en
su haber con este premio (que me hace una ilusión
tremenda), el libro pueda también ver la luz y dar a
conocer un hecho que no debe pasar desapercibido para
nadie.
También han ganado premios los
relatos: “El monstruo”
(Premio de la asociación cultural Tertulia Goya, en
Santander);
“Ejercicio de Lengua” (Ayuntamiento de
Villaquilambre); y
"Examen de educación para la igualdad"
(Segundo premio en el Certamen de Igualdad de hombres y
mujeres convocado por el Ayuntamiento de Miranda de Ebro.2009)
Tengo algunos relatos de humor,
porque ya digo que es un género que me encanta escribir.
Algunos de ellos son:
“El
día de la mujer”,
“Un sitio tranquilo”
o “Manual de supervivencia”.Dentro
del género de humor, también he escrito varias novelas,
ya que me parece necesario que de vez en cuando,
la lectura consiga arrancar una sonrisa de nuestra cara,
porque con la vida que llevamos actualmente, llena de
prisas, de agobios, y de problemas varios, no viene mal
sentarse delante de un libro y soltar alguna carcajada
¿verdad? Entre esos títulos está “El
nido vacío”, con el que me lo he pasado tan
bien escribiendo como espero que se lo puedan pasar los
lectores el día que se publique, porque mi ilusión,
tozuda en estos temas (y en casi todos), me lleva a
mantener viva la idea de que tarde o temprano se
publicará.
Hay otros con
un estilo más intimista como el titulado
“Para que nunca se acabe el otoño”,
o el que lleva por nombre
"El piano".
Especialmente entrañables son los que dediqué a mi
abuelo
“Me parece
mentira que te hayas ido”,
y a mi abuela
“Las
últimas lilas”. En otros relatos,
incluso he hecho alguna incursión en el género taurino
como sucede con la historia titulada
“Sol y sombra”.
En cuanto a novelas, tengo mucha
ilusión por ver publicada “Caso Cerrado”,
que es la que acaba de obtener el accésit concedido por
la editorial Edebé en el Certamen de Libro Deportivo del
diario Marca, y que es la tercera vez que queda
finalista en un certamen literario, por lo cual pienso
seguir intentándolo porque eso es indicativo de que es
del agrado del los jurados de estos premios ¿no?
Igualmente, me encantaría que viese
la luz la titulada “In Cheschendo”, novela
que quedó entre las cinco finalistas al Premio de Novela
Ciudad de Torrevieja . Fue hace dos años, cuando lo ganó
Zoé Valdés. El simple hecho de competir con autores tan
importantes y quedar tan cerca del premio, me hizo
sentir muy orgullosa de mi trabajo, y por ello no pierdo
la esperanza y voy a enviarlo a otros premios, porque
confío mucho en la historia que se cuenta en ese texto y
porque sé que lo más importante es que yo tenga fe en lo
que escribo, si no, nadie más la va a tener.
También pasé varias selecciones de
las que se hacen en estos premios internacionales, fue
con “En la misma piedra”, con la que me
presenté al Premio Primavera de Novela.
Este texto es muy especial para mí,
porque es de esas ideas que bullen en la cabeza durante
años, hasta que un día sale de allí para tomar forma de
“escrito” y es como si un espíritu se hiciese real. Fue
con esta novela con la que me di cuenta de que los
ordenadores nos han facilitado mucho la labor a todo el
mundo, pero que cuando fastidian, también lo hacen a lo
grande, porque un virus de esos que se aburren se coló
en mi disco duro y me borró todo lo que llevaba escrito
así como las copias que tenía. ¿Cómo? Todavía no lo sé,
fue irrecuperable, no sólo por mí, que no tengo ni idea
de eso, si no por personas más expertas que me
aseguraban que sí, que se podría “rescatar”, que era
difícil pero que se podía hacer... Mentira cochina, no
pudieron, y ahí me quedé yo, con la sensación de que me
habían robado unos meses de mi vida, de que me habían
quitado algo que era mío y que nunca más podría volver a
tener.
Durante unos días juré que no
volvería a escribir, pero luego me di cuenta de que yo
no tenía poder para tomar ese tipo de decisiones, que mi
necesidad de escribir decidía por mí, y me vi de nuevo
sentada delante del ordenador (otro ordenador, desde
luego), armada de paciencia, plasmando de nuevo la misma
historia, con el mismo cariño, con la misma intensidad
con que lo había hecho la primera vez, aunque haciendo
mil copias de seguridad por lo menos.
Por eso digo que la escritura
enseña muchas cosas, porque este incidente me enseñó a
ser paciente, a volver sobre mis pasos con calma, a
aceptar los retos que las circunstancias van poniendo, y
a sentirme muy feliz al ver logrado lo que me parecía
imposible, porque terminé la novela y me felicité a mí
misma por haber conseguido escribirla otra vez.
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